UNIVERSIDAD DE LA VIDA
¿COMO APRENDER ESTA LECCION?
Haz 5 fotocopias. Busca 5 (o menos) personas interesadas. Reparte las copias. Lean todos en silencio un par de minutos. Conversen sobre el contenido. Juntos decidan lo que harán con lo aprendido.
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Estudiar es la voz

Era 1958 vivía en Julcán en Jauja, Perú. Estaba en la escuela fiscal con matrícula pendiente porque mis certificados de Lima no llegaban. Mi Tio Teodoro Suárez Enero, mi querido TioViejo preocupado por mi educación me había invitado a vivir en su casa, el director de la escuela local había aceptado que yo asista a la escuela y regularice mis papeles cuando llegasen.

Años antes, había aprendido a jugar fútbol en Lima y en Julcán aún siendo más pequeño que la mayoría, siempre me llevaba la pelota y siempre hacia goles. Un par de alumnos más grandes que yo, empezaron a engancharme de atrás, a empujarme y amenazarme durante cada juego, y no había quien me defienda, entonces empecé a pensar en abandonar la escuela. Mi Tio Viejo en ese tiempo trabajaba en su camión llevando troncos de eucalipto de Jauja a las minas de Morococha y Tamboraque, y yo en vez de contarle mi problema, ya no quería ir a la escuela y convencí a mi Tio para que me lleve con él, me gustaba la idea de hacerme camionero como él. Mi Tio Viejo trató de convencerme de que vuelva a la escuela, pero no pudo y entonces me llevó con él. En la segunda semana de pasar por esas grandes alturas de Ticlio y Morococha, el camión se malogró y mientras Tio se fue a conseguir el repuesto, yo me quedé a cuidar el camión y la carga. Después de muchas horas, cuando el frío empezaba a matarme, cuando ya había renegado contra la loca idea de hacerme camionero, llegó Tio Viejo y me sentí tán bien. Cuando por fin llegamoa de regreso a Julcán, sospechosamente, Tio dijo, "creo que tu maestro te ha mandado llamar, te necesitan en la escuela", fui a la escuela, pasé dias muy bonitos allá, y aunque no pudieron reconocer mi año de estudios, la gran lección que aprendí fue que a través de los estudios podía postular a otras carreras. Ser un camionero y llevar la vida que llevaba mi Tio en esos días ya no me parecía tán fácil.

Durante varios años sólo sospechaba que aquella vez que se malogró el camión, Tio se había demorado a propósito trayendo los repuestos, para que me pudiese convencer a mi mismo que regresara a estudiar. Después tuve la certeza de que asi había sido. Tio Viejo y yo nunca tuvimos la oportunidad de hablar sobre esto y me quedé con esta deuda. Para pagar esa deuda, no dejé de estudiar hasta hoy dia, fui a la secundaria, a la universidad, al post-grado y ahora soy maestro. Y siempre cuento esta bella historia a mis estudiantes. Gracias Tio Viejo.
Raul H. Nakasone
Olympia, WA Abril de 2009
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FIN