UNIVERSIDAD DE LA VIDA
¿COMO APRENDER ESTA LECCION?
Haz 5 fotocopias. Busca 5 (o menos) personas interesadas. Reparte las copias. Lean todos en silencio un par de minutos. Conversen sobre el contenido. Juntos decidan lo que harán con lo aprendido.
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El ingrato profesional joven

Nadie surge sin ayuda. Todos le debemos a nuestros padres, hermanos, padrinos, a alguien el haber culminado la universidad y haberse hecho un profesional. En Perú, generalmente son los padres y hermanos, y muchas veces los abuelos, los tios y las tias, o también amigos, quienes aportaron en nuestra preparación.

Yo me había graduado recién y tenía hasta 3 trabajos, ganaba buen dinero y tenía una novia. Me di cuenta después de un año, que desde que empecé a recibir mis buenos sueldos, había dejado de visitar a quienes me habían ayudado; y me había dedicado más a pasar horas y horas con la enamorada. A ella la acompañaba a su clase y luego la llevaba hasta su casa después de comer en algún restaurant nuevo, eran como cuatro horas diarias con ella después del trabajo. Sólo quedaban minutos para decir hola a los míos, a los que siempre habían estado pendientes de mi progreso, de mi salud, de mis gastos cuando aún era estudiante. Nunca había llevado a mi padre a un restaurante por ejemplo, ni a mi hermana o a mis hermanos. Y mientras disfrutaba de mi nueva posición económica con una persona que había sido ajena a mis angustias y necesidades cuando era un estudiante, mis familiares no dejaban de saludarme como siempre y sonreírme como siempre y seguir invitándome como siempre. Yo, estúpido, no veía la inmensa ingratitud que yo estaba demostrando. Felizmente me di cuenta de lo que estaba haciendo y logré corregir esta conducta de ingratitud, creo que a tiempo. Ser profesional me había "alzado" por encima de los míos, porque yo era el primer profesional de la familia y estaba caminando sobre las nubes, sin mirar abajo, adonde había dejado a quienes justamente me habían colocado arriba. Viví muy avergonzado de mi mismo por un tiempo y cuando separé al profesional de la persona, pude regresar a jugar fulbito con mis amigos, a festejar cumpleaños de mis sobrinos, a abrazarme con los míos como cuando era estudiante. Fue difícil dejar al profesional en el trabajo y en el ropero, y vestir con humildad y volver a ser yo mismo. Ojalá que estas líneas las lean aquellos jóvenes que recién empiezan su vida profesional. Al final, lo único que se tiene es la familia y los amigos, y la máxima riqueza es la salud, todo lo demás se disipa tal como llegó.

Y tú, ¿ya diste las gracias?

Raul H. Nakasone
Olympia, WA Abril de 2009
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FIN